Muñecas rusas: instrucciones para des-montar

martes, 11 de noviembre de 2014 
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En Muñecas rusas, el realizador Jurgen Ureña nos propone un ejercicio cercano a aquel experimento que exploró Pirandello en el teatro hace casi un siglo, pero visto desde el ámbito audiovisual.
Escrito por: Ernesto Calvo

En 1921 el escritor italiano Luigi Pirandello estrenó la vanguardista obra teatral Seis personajes en busca en un autor, que de alguna manera ponía en escena los estrechos vínculos del dramaturgo con sus ficticias criaturas, desde sus cercanías y conflictos, sus amores y desamores. En Muñecas rusas, el realizador Jurgen Ureña nos propone un ejercicio cercano a aquel experimento que exploró Pirandello en el teatro hace casi un siglo, pero visto desde el ámbito audiovisual. 

Si en los inicios mismos del cine, el teatro fue una de las referencias ineludibles  del naciente medio  como reivindicación de  su dimensión “artística” junto a la industrial y de entretenimiento, la maduración de los recursos narrativos y tecnológicos del cine posibilitaron un alejamiento -e incluso una negación en muchas ocasiones- del medio teatral y sus recursos específicos.  Muñecas rusas, como otras obras cinematográficas históricas o recientes,  propone un re-acercamiento entre ambos lenguajes,  utilizando formas  mínimas -más que minimalistas- para concentrarse en un simbólico juego de espejos entre el autor, la trama y los personajes. 

Ese ambivalente juego de espejos, que se manifiesta desde el título mismo con la “matrioska” como metáfora de esas búsquedas tanto dramatúrgicas como estéticas,  nos propone un permanente contrapunto entre el realizador (Jurgen) y su  alter ego (Antonio), así como las parejas  y amantes (Elsa, Luisa, Miguel…) que se multiplican y repiten  interminablemente,  a medio camino entre la realidad y la ficción.  En ese sentido, Muñecas rusas apela nuevamente al recurso teatral, pero también a la danza,  al poner en escena la interacción de esas parejas, con actrices y actores provenientes de ambas disciplinas, pero permitiendo que cada una de ellas  asuma desde sus propias  interacciones, e individualidades, las complejidades y variaciones de la re-presentación misma.  

Sin embargo,  Muñecas rusas es también un filme profundamente cinematográfico,  que evidencia la profusa –y profunda- cinefilia de su autor, con alusiones más o menos explícitas  a otros filmes y realizadores que ha confesado el propio Ureña: desde el Orson Welles de La dama de Shangai, a Persona de Ingmar Bergman  o el  Ocho y medio de Federico Fellini, en referencias  que van desde la complejidad de las relaciones de pareja a la auto-reflexión sobre el ejercicio creativo mismo.  Pero igualmente,  a mi entender este filme pudiera relacionarse -directa o indirectamente-  con otros muchos referentes cinematográficos y de poéticas autorales, tanto por el tema que aborda como por los recursos narrativos y estéticos que explora: desde un Francois Truffaut o Eric Rohmer,   Michelangelo Antonioni  o Bernardo Bertolucci, hasta un  Billy Wilder o Woody Allen,  sobre todo cuando se acerca a los conflictos y la in-comunicación en las relaciones de pareja, o un Lars Von Trier o Roman Polanski, cuando rejuega con lo teatral y lo lúdico, tanto en el tratamiento de sus personajes como en su puesta en escena.  En cualquier caso, más que intertextualidades cinematográficas, lo que pareciera asumir Jurgen Ureña como realizador-cinéfilo, es una especie de  “angustia de las influencias” a la que  se refería Harold Bloom al analizar  la interminable sombra  que dejan  los “maestros” en el devenir de la poesía moderna; una angustia que es a la vez compleja, difícil,  pero estimulante.

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A pesar de la fuerte tendencia autoral de Muñecas rusas,  Jurgen Ureña asumió  este ejercicio cinematográfico como una suerte de mise in abisme experimental y  colectiva, que contó con la colaboración fundamental de múltiples profesionales: desde la expresiva fotografía en blanco y negro de profundos claroscuros que resalta  sombras humanas y espaciales de Nicolás Wong, hasta la precisa música incidental de Otto Castro, junto a la efectiva dirección de arte de Kattia González y el sutil montaje de Alexandra Latishev; todo esto, acompañado por ese “casting” repetitivo y contrastado de actrices-actores que interactúan entre sí y con el espectador, como base de la auto-representación misma.
 
Por ello mismo, hay en Muñecas rusas  un irónico guiño al espectador y su voyerismo, pero además a las convenciones mismas del cine; al cómo asumimos y procesamos lo cinematográfico, de acuerdo a nuestros referentes y gustos, deseos y expectativas.   Por eso creo que el excéntrico filme de Ureña funcionará, en el particular contexto del emergente cine costarricense y regional, pero incluso dentro del amplio aunque a veces homogeneizado panorama del cine internacional, como una atrevida y arriesgada apuesta  tanto por los recursos dramatúrgicos y narrativos que maneja, como por las exploraciones estéticas y visuales que plantea. Pero, además,  por interrogarse  e invitarnos a cuestionar,  justo lo que consideramos –o no- como “cinematográfico” en la actualidad: qué experiencias buscamos y qué expectativas tenemos cuando vemos -hoy- lo que se sigue considerando “cine”, en medio de los vertiginosos cambios tecnológicos y de soportes, de interacción y  visionado que hemos presenciado en los últimos años.
  
A mi entender, uno de los símbolos a partir de los cuales se manifiestan  esas  interrogantes y cuestionamientos en Muñecas rusas, es precisamente a través de su referencia al “lenguaje”; al aludir no solo a la “matrioska” como objeto de des-montaje potencialmente interminable, sino al enigma del ruso -para los que no conocemos ese idioma-  con  varios monólogos en esa lengua a lo largo de la trama,  Muñecas rusas  pareciera hacernos partícipes de la im-posibilidad de atrapar significados evidentes y certezas precisas sobre las dos obsesiones que pudieran recorrer al filme: la complejidad de las relaciones de pareja -y humanas- y el cine como uno de los modos más estimulantes, pero a la vez difusos, de asumir esas re-presentaciones.
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