El autodescubrimiento define el cine de André Robert

miércoles, 01 de junio de 2016 
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André Robert es un joven director costarricense con un deseo enorme de introspección. Se reunió con deleFOCO para hablar sobre sus proyectos y la experiencia que vivió antes, durante y después del Festival shnit.
Por Melissa Sánchez/ [email protected]

André Robert es un joven director costarricense con un deseo enorme de introspección. Estudió producción audiovisual en Loyola  Marymount University, en Los Ángeles, California. Apenas hace un año de su debut en el shnit, André Robert nos cuenta sobre el progreso de su carrera.

En su tercer año de carrera se le presentó la oportunidad de llevar un curso de cine documental en Alemania.  Ahí descubrió su área de interés y fue donde nació el cortometraje “Zafiro.” 

“Zafiro”, el cual ganó el premio del público en el Festival shnit 2015, cuenta la historia de Diego Solís, un hombre que emprende un viaje por el funeral de su padre devuelta al pueblo que lo vio crecer, Zafiro, (Cuajiniquil, Guanacaste.) Ahí se desarrolla un conflicto interpersonal, donde se narra un pasado caótico entre padre e hijo. Diego volvió a su pueblo natal creyendo que no encontraría nada diferente, sin embargo, este viaje lleno de dolor marca el destino de Diego al reencontrarse con viejos amigos y  su nuevo amor. 

En una cafetería de La Sabana, André se reunió con deleFOCO para hablar sobre sus proyectos y la experiencia que vivió antes, durante y después del festival. 

¿Cómo fue el proceso de creación de “Zafiro”? 

Fue un tiempo difícil, porque fue alrededor de cuando mi papá se enfermó, escribí lo que estaba sintiendo y así nació. En el cortometraje, el personaje principal habla con la aparición de su papá. Originalmente, él interactuaba con un  niño que se topa ahí y el niño en realidad era él mismo. Cuando ya estaba tratando de aterrizar la idea en términos de producción, pensé que trabajar con un chiquito es demasiado difícil, tenía que llevármelo a la playa, llevarme a los papás y además, los permisos legales. 

Es muy curioso, por que el título surge de que me gustaba el zafiro como concepto; una piedra preciosa que representa el ambiente donde se desenvuelve la película. La película fue grabada en Cuajiniquil, en una playa que queda en el norte de Costa Rica. Ahí teníamos una casa muy vieja, tiene como 45 años, ya se está cayendo, ahí creció mi papá y también yo. Cuajiniquil no es el típico lugar de arena blanca y el agua cristalina, pero es de mucho valor para mí. Entonces, hubo algo del significado de la piedra preciosa, Zafiro, que me pareció un nombre apropiado para describir un lugar que tal vez no es el más bonito pero si uno se fija bien, uno le encuentra la belleza. 

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Zafiro es muy auténtico. ¿Cómo fue el desarrollo de esos personajes? 

Bueno, Diego y Susana son actores. Son Leynar Gómez y Adriana Álvarez. Dos personas bastante reconocidos aquí en el país. La verdad, haber trabajado con ellos en mi primer proyecto, fue una experiencia muy tuanis. Diego está inspirado en mi papá, en ciertos aspectos míos, y en Álvaro, mi abuelito. Susana es un personaje que sentí que podía agregarle bastante al retrato de Diego, por que son muy diferentes. 

Chalo es otra historia. Chalo es Chalo. El actor que hace Chalo, se llama Gonzalo Mesen y es un amigo de la familia de toda la vida. Fue muy interesante, por que yo busqué actores que se parecieran a Chalo pero nadie se acercaba a esa cualidad cruda que tiene él. Entonces fui y le pregunté “¿Chalo, usted se apuntaría a salir en una película?” Y me dijo “¡Mijo, por usted lo que sea!” Lo convencí, él se apuntó y le fascinó. 

¿Cómo describirías vos la experiencia del shnit? 

El shnit fue mi primer todo. Es muy especial la experiencia del shnit. Me gustó poder tener un espacio para compartir mi corto, un proyecto que fue tan especial y que lo viera tanta gente en el Magaly.

Honestamente, yo no esperé la reacción que tuvo “Zafiro.” Hay algo muy lindo en eso, porque lo hace a uno recordar como es la vida, lo que tiene que pasar, pasa. Fue un espacio con un ambiente muy especial.

¿Por qué crees que Zafiro obtuvo esa respuesta?

Yo creo que cada persona tendrá su opinión de por que disfruta las cosas que disfruta, pero creo que tiene que ver con eso de la autenticidad de los espacios, el lugar y de los personajes. Creo que a los ticos, bueno, a las personas en general, les gusta verse reflejados en el cine, es una manera de poder conectar. Es una historia que es bastante universal, un hijo tratando de encontrarse a él mismo y su relación con su papá y tratar de arreglarla o ver que hay ahí… la gente conecta con esa trama reflejada en un espacio auténtico costarricense, a la gente le gusta.

Y además, que la película es visualmente atractiva. Nicolás Wong Díaz, hizo la fotografía y tiene un muy buen ojo. Estando ahí, él logró capturar esa belleza del lugar.

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¿Hubo obstáculos al hacer Zafiro?

Creo que el obstáculo más grande es que no tenía idea de lo que estaba haciendo. Era mi primer proyecto, y pucha, primer proyecto de toda mi vida afuera de la universidad. Lograr encontrar los fondos, los actores, llevar a todo el mundo a la playa…Había mucho de logística que fue complicado.

Pero después en la edición, encontrar la historia. Me di cuenta, que lo que escribí y lo que grabé fueron dos cosas diferentes, eso fue toda una experiencia. Esa es la parte difícil de ser director, ver como uno amarra todo. En realidad la historia surgió en la edición. 

El desafío más grande es el reto emocional que uno tiene. Superar las preguntas de “¿Puedo hacer esto?” y “¿Cómo lo voy a hacer?” Si las cosas no están saliendo bien, hay que ver como uno se vuelve a montar. 

¿Cómo se supera ese reto emocional? 

Pensando por qué lo estoy haciendo. Yo tengo una historia que contar, tengo algo mío que expresar y eso es lo más importante. Esa es la razón por la cual yo hago cine… Más allá de que si a la gente le va a gustar o si quedó bien, todo lo que puede importar es si estoy logrando contar lo que necesito contar y creo que sí lo hice. Con todas sus fallas, pero logré sacar mi idea y hacerla pública. Creo que eso es lo más importante.

¿Cuál ha sido el proceso de aprendizaje a través del corto y la experiencia? 

Amarrar todas las partes fue una experiencia y ahora que ya ha pasado un año o más de la grabación, uno puede ver que aprendió durante todo el proceso. Así puedo notar que quiero hacer mejor, que me gustó y que no me gustó. 

“Zafiro” fue el proyecto más grande que he hecho por ahora, fueron 25 personas grabando, 11 días en la playa. Hay un montón de aspectos que me hicieron darme cuenta que no es mi estilo de dirección, ni de cómo me gusta trabajar. Me gustan los espacios reducidos, donde es un poco más íntimo y hay más control, es más cercano. Ese es más o menos el estilo que he ido agarrando. Aparte de los cortos en sí, lo más importante es aprender como funciono como director y como persona, porque un director es un comunicador de ideas. He ido desarrollando mi estilo de comunicación, cual es la mejor manera y como me siento más cómodo. Cuando uno ve las fortalezas y las debilidades,  por que hay muchas debilidades, uno dice “Si, necesito trabajar en esto.”

Honestamente me gustan muchas cosas (ríe) y quiero probar de todo un poco, eso es parte de conocerse a uno mismo, experimentar. Entonces ¡diay!, a mi me gustaría hacer desde una película de miedo hasta una comedia, una comedia oscura, algo sobre el amor, me gustaría mucho hacer un videojuego. No se, ¡yo quiero hacer de todo! Pero di, ahí voy poco a poco, lo que se me ocurra, lo que voy sintiendo.

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¿Cuáles son esos nuevos proyectos?

Ha pasado bastante con mis proyectos, pero al mismo tiempo que estoy haciendo cine, que es mi pasión, necesito bretear también, entonces estoy trabajando en publicidad, desarrollándome profesionalmente y dándome a conocer, porque la verdad nadie me conoce ahorita…

Tengo un largometraje planeado, pero lo puse en pausa porque en este momento no es la historia que necesito contar. Ya me abrí la posibilidad de mandarme a hacer el largo, lo estoy tomando en consideración, pero va a ser otra historia, va a ser algo más conectado con las cosas que estoy viviendo ahora, que quiero contar. Todavía no le tengo nombre, pero si lo estoy desarrollando bastante y sé que va a ser algo reducido. 

Terminé un cortometraje que se llama “Martes 8:30”, de hecho lo mandé al shnit y lo estoy mandando a otros festivales a ver que sucede; que tome el recorrido que tenga que tomar. 

Estoy también desarrollando otro cortillo que espero terminarlo este año, está en estado de pre-producción.

¿Podrías darnos una sinopsis de “Martes 8:30”?

Es sobre una muchacha que durante su sesión de psicoanálisis decide explorar una fantasía sexual. Es un drama psicosexual. Es muy diferente a Zafiro. (Ríe.) 

Éste lo empecé a escribir durante los últimos días que estaba en Los Ángeles, tenía un gran vacío. Había pasado un año o año y medio desde la muerte de mi padre. Quería explorar ese vacío y tratarlo con el lado sexual, como uno a veces usa el sexo para llenar otros vacíos. Martes es más que todo sobre eso. Una mujer tratando de entender y llenar su vacío. 

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